EL ALQUIMISTA DEL PODER

La ambición de Elías Ashmole

“Los pactos políticos entre fracciones adversas

son siempre de mala fe, aunque sean convenientes.”


John William Cooke

«El siglo de las Luces estaba en marcha…»

Prologo

Cuando me propuse escribir sobre la vida de Elías Ashmole, jamás imaginé una investigación tan reveladora y que tuviera una deriva distinta a la pensada. Debo confesar que mi interés parte desde una conferencia en la AEM. Pero al adentrarme en la vida de este personaje y en los distintos puntos de vistas, no pude evitar cristalizar una visión personal de este hombre que vivió hace más de 350 años.

Esto es valorar al personaje en su contexto, histórico, social, masónico y sobre todo cultural de la época. Tampoco pretendo que mi visón sea tomada como definitiva, muy por el contrario, tal vez sea una arista más de las personalidades que vivieron en aquellos tiempos de tantos cambios políticos, sociales y culturales.

Lejos de pretender ser un escritor, quisiera que mi pluma sea tomada como la visión de un hombre del siglo XXI que trata de Comprender a un masón del siglo XVII en su contexto. Aun así, me es imposible no resaltar procederes y conductas, no con ánimo inquisidor, sino con la transparencia de los hechos.

Nadie podrá decir que Ashmole no fue masón, porque hay registros escritos históricos de su iniciación el 16 de octubre de 1646, en la logia de Warrington. Aunque hay un detalle, no fue el primer masón inglés especulativo, como afirman algunos autores y veremos más adelante.

Si estoy convencido que no fue un masón relevante, ni por su vida, ni por su legado, a pesar de los libros de su autoría que se conservan y a pesar de ser uno de los primeros miembros aceptados en la Royal Society of London.

Tal vez su vida pueda resumirse en que fue un hombre oportunista con cuestionables procederes. Pero eso es una apreciación o un sentir personal luego de haber estudiado muy pormenorizadamente su vida.

Introducción: El arte de la ventaja

Elías Ashmole no fue un hombre de fe, sino de cálculo. En la convulsa Inglaterra del siglo XVII, donde las coronas rodaban y las lealtades se compraban con la misma facilidad que el pan, Ashmole comprendió una verdad fundamental que marcaría su existencia: el conocimiento es valioso, pero la conexión adecuada es absoluta. Aunque la historia lo ha envuelto en el manto místico de la masonería y la erudición, un análisis agudo de sus pasos revela a un hombre cuya verdadera maestría no residía en las estrellas, sino en los salones de los poderosos. Fue, ante todo, el gran oportunista de su era.

I. El joven depredador de Lichfield

Nacido el 23 de mayo de 1617 bajo el cielo de Lichfield, Ashmole era hijo de un humilde talabartero, Simón Ashmole y de Anne Bowyer, la hija de Anthony Bowyer.

Sin embargo, su espíritu no estaba hecho para el cuero y el taller. Desde sus primeros años, su mirada estaba puesta en Londres, ese hervidero de intrigas donde un hombre con suficiente ingenio podía reinventarse. A los dieciséis años, ejecutó su primer movimiento estratégico: se mudó a la capital bajo el ala del barón James Paget. No buscaba solo educación; buscaba el roce con la aristocracia que solo un pariente bien situado podía ofrecer.

En Londres, el derecho fue su herramienta de asalto. No lo estudió por amor a la justicia, sino porque la abogacía era el lenguaje del privilegio, la llave que abría las puertas de las herencias y los pleitos de la nobleza. Sin embargo, su curiosidad era voraz y pronto comprendió que la astrología y la alquimia no eran solo ciencias, sino «monedas sociales» que le permitían acceder a las mentes —y los miedos— de los hombres de influencia.

II. El matrimonio como empresa

En 1638, Ashmole realizó su primer ensayo en el arte del ascenso mediante el lecho. Se casó con Eleanor Manwaring, una mujer catorce años mayor que él. Para un joven de veintiún años con un «bolso elegante» que llenar, la madurez de Eleanor no era un obstáculo, sino un activo.

Este enlace le otorgó su primera renta privada y le permitió infiltrarse en la red familiar de los Manwaring, una conexión que explotaría durante décadas.

La muerte de Eleanor en 1641, lejos de ser un revés, le dejó con la libertad y los recursos para navegar las tormentas de la Guerra Civil. Mientras Inglaterra se desangraba entre realistas y parlamentarios, Ashmole se dedicaba a observar el viento para determinar qué bando le ofrecería el mejor pedestal.

III. El camaleón en la guerra

Cuando la corte de Carlos I se estableció en Oxford, Ashmole no tardó en aparecer allí. Se inscribió como un «estudiante ocasional» en Brasenose College, un disfraz perfecto para permanecer cerca del centro del poder sin comprometerse en exceso con la espada. Allí, su habilidad para la lisonja dio frutos: en menos de un mes, pasó de ser un desconocido a convertirse en Maestro de Ordenanza de la ciudad gracias a sus contactos con oficiales astrólogos como el capitán Wharton.

Pero Ashmole era un hombre de realidades, no de lealtades ciegas. A medida que la causa realista se desmoronaba, él continuaba lanzando horóscopos, no para predecir la victoria del Rey, sino para calcular el momento exacto de su propia retirada. Cuando Worcester cayó, marcando el fin de la resistencia monárquica, Ashmole ya tenía trazado su plan de huida.

IV. La Masonería: Una llave maestra, no un templo

En 1646, Ashmole se encontraba en un callejón sin salida. Como realista rendido, tenía prohibido ejercer en Londres, tampoco vivir en Londres. Su situación era desesperada: sufría de dolencias físicas —registrando con obsesiva minucia sus forúnculos y su estreñimiento en su diario— y sus intentos de seducir a una larga lista de viudas adineradas habían fracasado sistemáticamente.

Se podría decir que Elías Ashmole coqueteó con cuanta mujer soltera o viuda adinerada se presentara en la comarca. Aunque es dable de decir que

acérrimamente todos sus intentos fueron como se dijo no correspondido. También podemos acotar que tuvo 4 matrimonios y solo el último la candidata era menor que él. Tal vez buscaba un heredero. Todas las esposas fueron con diferencias mayores que él (como ya se verá más adelante).

Elías Ashmole dejó registrado en su diario:

“16:30′ Fui nombrado masón libre en Warrington, Lancashire, con el coronel Henry Mainwaring de Karincham en Cheshire. Los nombres de los que entonces formaban parte de la logia: Sr. Rich Penket Warden, Sr. James Collier, Sr. Rich: Sankey, Henry Littler, John Ellam, Rich: Ellam y Hugh Brewer”. (del diario personal de Elías Ashmole).

V. Lady Mary Mainwaring

Luego de regresar a Londres, Ashmole se encontró en una posición muy débil y de muchas privaciones, su economía personal estaba quebrada: era un hombre de gustos onerosos y lujosos, pero con las manos vacías y los bolsillos asténicos.

Su diario de finales de 1646 es un catálogo de deseos económicos disfrazados de erotismo; una lista de viudas ricas que él evaluaba como si fueran propiedades inmobiliarias.

Entre nombres como la señora March o Lady Fitton, Ashmole buscaba desesperadamente una «bolsa elegante» que llenar.

Su táctica era el asedio emocional. Con la señora March, por ejemplo, no dudó en recibir sus fotos y besos mientras calculaba cuánto dinero podría «ordeñar» de ella.

Sin embargo, su mayor triunfo estratégico fue Lady Mary Mainwaring. Mary era la prima de su difunta esposa, tres veces viuda y poseedora de una fortuna considerable derivada de las propiedades de su primer marido.

Al casarse, Ashmole no solo obtuvo una esposa, sino la jubilación anticipada que le permitiría financiar su estatus de caballero y sus estudios alquímicos sin tener que volver a trabajar.

VI. El Escudo de Mary: Un Matrimonio de Conveniencia y Control

A pesar de que ella tenía 52 años y él apenas 32, Ashmole desplegó un encanto persistente hasta que ella consintió el matrimonio en 1649. La familia de la novia, viendo a través de las intenciones de Elías, se opuso ferozmente, pero él ya había ganado la partida, sus reflejos fueron rápidos y calculados, de tal modo que la oposición familiar no tuvo la más mínima posibilidad.

La unión no fue un idilio, sino una transacción que Ashmole defendió con garras legales. Cuando la convivencia se volvió insoportable y Mary presentó una demanda de separación y pensión alimenticia siete años después, Ashmole demostró que su afecto por el patrimonio de su esposa era mayor que cualquier escrúpulo moral. Los tribunales desestimaron la acción de la mujer en 1657, dejándola atrapada en un matrimonio donde ella ponía el capital y él la autoridad.

Para gestionar las propiedades que ahora controlaba, Ashmole incluso utilizó su influencia para liberar a su amigo George Wharton de prisión, no por pura caridad, sino para convertirlo en el administrador de las tierras de Mary. Mientras Mary languidecía en un matrimonio infeliz, Ashmole utilizaba el dinero de ella para publicar libros y comprarse una reputación de erudito.

VII. El Asalto al Legado de los Tradescant

Uno de los episodios más oscuros y reveladores de su carácter fue la adquisición de la colección Tradescant. John Tradescant el Joven poseía el «Arca», la colección de curiosidades más importante de la época. Ashmole, detectando una oportunidad de inmortalidad, comenzó a financiar el catálogo de la colección en 1656 usando, una vez más, el dinero de Mary.

Mediante una mezcla de astucia legal y una agresividad que hoy calificaríamos de acoso, Ashmole logró que Tradescant le legara la colección en 1662, pasando por encima de los deseos de la familia del coleccionista. La resistencia de Hester Tradescant, la viuda, fue inútil ante la maquinaria de Ashmole. Tras perder el juicio contra él, la mujer fue hallada ahogada en el estanque de su propio jardín. Libre de obstáculos, Elías procedió a fundar el Museo Ashmolean, asegurándose de que su nombre —y no el de los Tradescant que recolectaron las piezas— brillara en la posteridad.

VIII. La Royal Society: Comprando un Asiento en la Ciencia

En 1661, Ashmole fue invitado a la recién formada Royal Society. Su elección no respondió a grandes descubrimientos científicos, ya que sus aportaciones al trabajo de la Sociedad fueron prácticamente nulas y su único interés real era la astrología. Sin embargo, Ashmole poseía algo que la institución necesitaba: liquidez y contactos con la corona.

Fue uno de los «buenos pagadores» de la lista oficial, aportando incluso sumas extra para la construcción de edificios. Para Ashmole, la Royal Society no era un laboratorio, sino un club exclusivo donde podía ganarse el favor del rey Carlos II, su verdadero patrón. Mientras pagaba sus cuotas con puntualidad británica, descuidaba la asistencia a las reuniones, pues su mirada ya estaba puesta en su siguiente objetivo: la heráldica real.

IX. El Heraldo de Windsor: La Heráldica como Escudo de Armas Personal

Con la Restauración de la monarquía en 1660, Ashmole no perdió un segundo en posicionarse bajo el ala del nuevo soberano, Carlos II. Gracias a su lealtad «astrológicamente calculada» y a sus influyentes contactos, obtuvo el prestigioso cargo de Windsor Herald. Para Elias, este no era un simple título honorífico; era el acceso directo a los archivos de la nobleza y, más importante aún, la autoridad para validar o cuestionar el estatus de otros.

Su gran obra, Las instituciones, leyes y ceremonias de la Muy Noble Orden de la Jarretera (1672), fue una pieza maestra de relaciones públicas. Al dedicar este volumen monumental al Rey, Ashmole no solo se consolidó como el historiador oficial de la orden, sino que se hizo indispensable para la corona. Fue un movimiento brillante: convirtió su pasión por las antigüedades en un pasaporte de acero hacia los círculos más íntimos del poder real.

X. Elizabeth Dugdale: El Matrimonio por el Prestigio

Tras la muerte de Mary en 1668, Ashmole, ahora un hombre inmensamente rico gracias a la herencia de su esposa cambió de táctica matrimonial. Ya no buscaba oro, sino linaje y legitimidad académica. Seis meses después de enviudar, se casó con Elizabeth Dugdale, una mujer diecinueve años menor que él.

La elección de Elizabeth fue quirúrgica: era la hija de Sir William Dugdale, el Rey de Armas de la Jarretera y una de las autoridades heráldicas más respetadas del país. Este enlace le proporcionó a Ashmole un suegro que era, en la práctica, su mayor fuente de información y prestigio profesional. Aunque Elizabeth quedó embarazada en tres ocasiones, el destino —o quizás la genética de un Ashmole ya entrado en años— quiso que no hubiera herederos. En 1677, Elías aceptó con frialdad que su nombre no sobreviviría a través de una estirpe de sangre.

XI. La Inmortalidad Comprada: El Legado del Museo

Si no podía tener un hijo, tendría un monumento. Fue entonces cuando Ashmole decidió dotar a la Universidad de Oxford con la colección que le había arrebatado a los Tradescant. Al fundar el Museo Ashmolean, Elías ejecutó su último gran acto de oportunismo: compró la inmortalidad eterna utilizando los tesoros de otros y la fortuna acumulada de sus esposas.

Incluso en sus últimos años, su apetito por el poder no disminuyó. Intentó entrar en el Parlamento por Lichfield y, aunque no fue elegido, demostró su pragmatismo hasta el final, vendiendo sus votos al candidato preferido del rey Jacobo II cuando vio que la victoria era imposible. No había principios que no pudieran ser negociados si el beneficio personal era suficiente.

XII. El Triunfo del Estratega

Elías Ashmole falleció el 18 de mayo de 1692. Para la historia oficial, quedó el erudito, el masón y el fundador de museos. Pero tras la fachada de la «nobleza» y la «fraternidad», su propio diario revela a un hombre cuya verdadera pasión fue la avidez.

Como masón no he encontrado motivo ni virtud y lo más probable es que la usara tal como si fuera una esposa para mover influencias y encontrar oportunidades. No fue seguramente un ejemplo de masón, tampoco creo que en esa época se comprendiera el actual significado de la pertenencia a la Orden, creo mas bien que se valía de herramientas que poco conocía como la astrología y trataba de hacer interpretaciones que más tenían que ver con suposiciones propias que con estudios astrológicos.

Ha dejado un legado de libros, eso no se puede negar, algunos muy apreciados, de artículos que pertenecieron a su vida (como su diario) y su museo inmortaliza su recuerdo.

Pero una cosa no contradice la otra, Ashmole fue un maestro en el arte de usar a las personas como peldaños: desde las viudas cuyas fortunas absorbió hasta los coleccionistas cuyas vidas eclipsó. Su vida es el testimonio de que, en la Inglaterra del siglo XVII, el conocimiento era una herramienta poderosa, pero el oportunismo bien ejecutado era la única alquimia capaz de convertir a un hijo de talabartero en un inmortal de la historia.

XIII. Elías Ashmole, el Primer Masón Aceptado

Como respuesta concreta a quienes afirman que Elías Ashmole es el primer masón especulativo documentado, considero inapropiada esta afirmación.

El 3 de julio de 1634 en la Logia de Edimburgo, es decir, más de 12 años antes que Elías Ashmole, fueron iniciados según registros de esa logia, Lord Alexander William, su hermano Anthony Alexander William (Maestro de Obras del Rey) y Sir Alexander Strachan de Thornton.

¿Podemos afirmar que estos tres nobles fueron los primeros Masones aceptados y no operativos?, claramente no. Porque de acuerdo con diversa documentación con que se cuenta no hay un registro único que diga, “estos son los inicios”.

Por otra parte no podemos dejar de considerar que tal vez, algunos iniciados aceptados no quedaron registrados debidamente o se perdieron esas documentaciones en el tiempo.

Si tuviéramos que ubicar concretamente en inicio de la masonería con miembros aceptados se podría decir que la masonería se creó en un tiempo que va desde la muerte de Robert Cochrane en 1482 y la muerte de del Rey Estuardo Jacobo I en 1625.

No habiendo documentación certera, solo tenemos indicios y deducciones. Lo que si podemos afirmar que los primeros masones aceptados y no operativos o del cantero fueron de logias escocesas.

La Sociedad del Siglo XVII

Con registros históricos podemos decir que 1482, el Rey de Escocia Jacobo III, nombró noble a un albañil honrándolo con los títulos de “Conde del Mar” y “Secretario de Estado” y fue el albañil Robert Cochrane, quien era Maestro Masón del Rey, el ascendido.

Esto nos dice que un masón fue ascendido a la nobleza, no que se inicia masónicamente a un noble, pero lo cierto es que este hecho indignó tanto a la nobleza escocesa que protestó esta decisión. El Rey sacó su ejército y se dirigió a Burgh Muir, pero llegaron a Lauder donde fueron interceptados por los nobles liderados por Archibald Douglas, conde de Angus, se revelaron, tomaron a Robert Cochrane y a otros más y los ahorcaron en el puente de Lauder. En este momento el Rey Jacobo III fue encarcelado y confinado al Castillo de Edimburgo.

Otros masones aceptados fueron Robert Moray, Alexander Hamilton y John Mylne, todos iniciado en 1638 o poco tiempo antes.

Con estos datos podemos asegurar que Elías Ashmole no fue el primer masón aceptado y que en Escocia nacen las primeras logias de masones aceptados.

XIV. Conclusiones

Lejos de desmerecer la figura de Elías Ashmole, podemos dejar en claro que en sus orígenes la masonería se regía por diferentes principios y estaba muy ligada a la vida social y política de la época. Ashmole era el producto de una serie de variables y acontecimientos políticos y sociales que marcaron un tiempo en Inglaterra.

Tampoco condena a la masonería porque no es una institución que tenga un día determinado de creación ni tampoco una carta de intenciones con las condiciones y postulados que debían seguir sus miembros. Todo eso es posterior.

Recordemos que el origen concreto fueron cuatro logias que se reunían en tabernas y que se juntaron en el Ganso y la Parrilla para formalizar su unión y dar base a los principios que se cristalizaron en la Constitución de Anderson en 1723.

Posterior a esos tiempos y hasta finales del siglo XVIII de terminaron de sentar las bases y los principios de la Masonería tal y como la conocemos hoy.

Pero en cuanto a la figura de Elías Ashmole, debería recordársele como uno de los primeros masones aceptados y un antecesor de la posterior organización concretada el 24 de junio de 1717.

Inaco.

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