Si la inflación es tan baja, ¿por qué los funcionarios
se aumentan casi el doble de su sueldo?…
Anónimo

Me viene a la memoria este viejo refrán que tantas veces escuché. En sentido alegórico, afirma que, para resolver un problema, hay que atacar su causa principal. Una vez eliminada, las consecuencias suelen detenerse y, en el mejor de los casos, repararse.
El dicho surgió en la España rural de los siglos XVII-XVIII y alude literalmente a la rabia, enfermedad mortal transmitida por perros. Matar al perro rabioso detenía el contagio… de ese animal. Sin embargo, en esa época se desconocía el verdadero agente causal: el virus de la rabia, un virus ARN del género Lyssavirus (familia Rhabdoviridae). Este ataca el sistema nervioso central de los mamíferos, provoca encefalitis mortal y se transmite principalmente por mordeduras de animales infectados (perros, murciélagos, etc.). Una vez que aparecen los síntomas, es casi siempre fatal si no se trató antes. Por lo tanto, muerto el perro no se acaba la rabia; solo se corta una vía de contagio.
Esta imagen me resulta útil para analizar las recientes declaraciones del presidente Javier Milei. Ante la delicada situación económica y el aumento de la inflación, aseguró que “Vamos a sacar todos los pesos de la calle hasta que colapse el índice de inflación”.
¿Entiende las consecuencias de esa afirmación? No soy economista, pero en mi diccionario esa combinación se llama estanflación (stagflation): inflación alta más recesión (caída del crecimiento y alto desempleo). Si comparamos al perro con el dinero circulante y a la rabia con la inflación, «matando» o sea favoreciendo que la gente no tenga dinero y que no circule el dinero en la calle, no se termina con la «rabia » de la inflación únicamente, sino que se termina con la calidad de vida y la vida de la sociedad toda.
Sacar los pesos es hundir mas a la población, es quitar el poder adquisitivo de la gente, es hacer de la dolorida clase media nuevos pobres y a los pobres transformarlos en indigentes. A veces la teoría dice una cosa y la experiencia demuestra algo diferente. El límite es que los ciudadanos tengamos las necesidades básicas satisfechas.
La realidad actual muestra que la gente ya no tiene pesos en el bolsillo. Los salarios reales han perdido poder adquisitivo frente a la inflación durante gran parte de 2025, y el índice de salarios subió solo 2,5 % en enero de 2026, por debajo del IPC del mes anterior.
La pobreza afecta al 28,2 % de la población (segundo semestre de 2025), es decir, a unos 13,5 millones de personas, aunque registró una baja respecto al semestre anterior (según datos que cuesta entender desde el termómetro de la calle). Muchas familias comen una sola vez al día, las deudas en tarjetas de crédito son insoportables y la morosidad es elevada (record en décadas). Los jubilados siguen hundidos en la pobreza (aunque el indicador en mayores de 65 años bajó al 9,7 %); muchos dependen de sus hijos para sobrevivir. Discapacitados y enfermos crónicos enfrentan graves dificultades para cubrir necesidades básicas.
La educación pública muestra un evidente deterioro, y la salud pública sufre la caída de calidad de atención y el mal estado de la infraestructura. Lo mismo ocurre con la infraestructura en general, la seguridad y los servicios básicos: el denominador común es el desgaste acumulado.
En este contexto, afirmar alegremente que se sacarán “todos los pesos de la calle” resulta una declaración temeraria. No hay dinero circulando en los bolsillos de la gente, el desempleo subió al 7,5 % en el cuarto trimestre de 2025 (el más alto de los últimos años) y la pobreza, aunque en descenso, sigue siendo muy elevada (según datos oficiales).
Profundizar la contracción monetaria solo agravaría la pobreza y generaría una tensión social difícil de contener. Es momento de repensar el rumbo: la deuda externa sigue sin resolverse, la interna crece y mirar solo los números de la bolsa o los balances financieros no equivale a pensar en desarrollo económico real.
Señor Presidente, aún es tiempo. Pare la pelota, reconozca errores con humildad y rectifique. Hay medidas urgentes por tomar. Todo un pueblo espera, mucha gente confió en Ud.
Muchas personas aceptaron sus excesos no por gusto sino que era preferible sus exaltadas actitudes a «una mafia ladrona» enquistada en todos los niveles de la política y la Justicia. Usted tenía otra responsabilidad que hoy no la vemos cumplida, terminar con los privilegios de la Política Argentina.
Pero volviendo a su reflexión, No quiero que odie la inflación, quiero que sea inteligente y le devuelva la dignidad al pueblo argentino. No quiero que haga del crítico momento actual una caza de brujas, pretendo que sea inteligente para que el pueblo deje de sufrir todos los días por no poder llevar el pan a su mesa, o no poder comprar un medicamento, o como es en algunos casos, ni siquiera tener lo mínimo necesario para subsistir.
Sabe que pretendemos los ciudadanos, que ustedes dejen de viajar tanto y para nada y dejen de alojarse en hoteles de miles de dólares mientras el pobre e indigente duerme en la calle y su colchón es un cartón. El pueblo necesita trabajo, nuevas industrias, desarrollo de sus potenciales productivas y no tanto verso barato, y por favor deje de poner a la gente de un lado y otro de la vereda (la famosa grieta).
Los argentinos tenemos una sola vereda y allí estamos todos, estudiantes y jubilados, trabajadores y desocupados, los pobres e indigentes y la cada vez mas caída clase media. No no van a dividir mas.
Le pido Señor presidente, coherencia y trabajo, pero a favor de la gente y no de cuatro rufianes que se están llevando todo y el corrupto preso, sea quien sea, aunque sea Diputado, Senador, Presidente, Juez o Gobernador, todos los ciudadanos debemos ser iguales ante la Ley.
Porque un corrupto no es un político convencido y vocacional al servicio de los intereses de sus semejantes, para nada, el corrupto es un delincuente, un apátrida inmoral y sus delitos son agravados por la función pública y merece ser juzgado y condenado conforme a la ley.
Sr. Presidente la pelota está de su lado, gobierne para todos los argentinos.
Inaco
Fuentes citadas (orden de aparición)
[1] INDEC – Índice de Salarios, enero 2026 [2] INDEC – Salarios vs. inflación 2025 (datos comparativos) [3] INDEC – Incidencia de la pobreza y la indigencia, 2° semestre 2025 [4] INDEC – Mercado de trabajo, 4° trimestre 2025.
Todas las imágenes son inexistentes y solo hacen a los fines de la publicación, sin ninguna alusión de alguna situación particular.
Enlaces oficiales:
- Pobreza: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/eph_pobreza_03_269225CA3217.pdf
- IPC e inflación: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ipc_04_26853171E136.pdf
- Desempleo: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/mercado_trabajo_eph_4trim25AF451E16DE.pdf
- Salarios: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/salarios_03_26875AE99312.pdf






